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Opinión

Arquitectura razonable
Por

 

Benito Sánchez-Montañés Macías


 

 

"El descubrimiento sensitivo de la arquitectura (pansensitivo y no sólo puramente visual) va acompañado del propio descubrimiento vital. Es necesaria la experiencia directa, superar la imagen con la sensación, evitar la manipulación de la información sensitiva a través de la abstracción y del símbolo."

 

La sensación de que hay que nombrar las cosas para que existan está, al parecer, indeleblemente vinculada a nuestra cultura. Pero adjetivar (calificar, cualificar) el esfuerzo de una nueva generación de arquitecturas por relacionarse con el medio, mediante un único calificativo globalizador, no es tarea fácil.

 

La ya larga genealogía terminológica comienza, coincidiendo con la explosión de la crisis energética, en los Estados Unidos de los primeros 70' con la passive architecture, aportando un concepto interesante, el de pasividad, que concibe el edificio como un elemento inerte capaz, por sus propias cualidades físicas, de filtrar las condiciones del medio para mejorarlas en su interior. Toda la arquitectura que proponemos es pasiva, en este sentido, pero va más allá.

 

Poco más recientemente, en Francia, se acuña el concepto de arquitectura bioclimática, más evolucionado y que ha hecho fortuna entre nosotros, y que pese a las reservas que ahora formularemos, se utilizará aquí profusamente. Aporta una más completa lectura del medio como generador interactivo de los invariantes constitutivos de cada arquitectura en vinculación con un lugar (vida y clima se encuentran en la composición del adjetivo). Bajo este calificativo se realiza buena parte de los trabajos, realizados y en curso, en España. Pero la noción que transmite, siendo más rica, es aún restrictiva, parece constreñirse a límites estrictamente científicos.

 

Desde aquí otras adjetivaciones han intentado abrir el campo: arquitectura natural, ecológica, saludable... aportando matices desde diversas perspectivas, siendo quizá el término más englobador el de arquitectura medioambiental.

No sin cierta dosis de ironía, fundamentada en la perplejidad que produce la avalancha de "ismos" que ha padecido la arquitectura del siglo  que acaba, propondremos hablar de "arquitectura razonable", sin la pretensión de que se consolide como término de uso común, sino sólo para resaltar algunas evidencias:

  •  No es pensable una arquitectura disfuncional en alguna de las premisas para las que ha sido concebida (nadie aceptaría que la estructura no soportasen la casa).
  •  El reparo de las condiciones del exterior, crear un hábitat confortable para el usuario es acaso la razón primera de existir de la arquitectura (el gesto elemental de refugiarse en una cueva).
  •  Esa función de filtro se ha basado siempre en el conocimiento de las condiciones del medio y de los instrumentos más adecuados para aprovechar/paliar sus efectos.
  •  El desarrollo de los conocimientos humanos ha permitido evolucionar, perfeccionando el comportamiento de todos los sistemas y mejorando los resultados de sus aplicaciones.
  •  Con todas estas premisas no es admisible:
  • 1. Que la arquitectura olvide, o considere optativa, su relación de dependencia con el entorno y las condiciones que le son dadas, para mejorar por sí misma las variables de su hábitat interno (con independencia de los sistemas activos tecnológicos que, con posterioridad, vengan a potenciar esta mejora).
  • 2. Que los conocimientos y técnicas que hacen posible el cumplimiento de esta función elemental de la arquitectura sean menores que en el pasado, se pierdan o no se apliquen.
  •  Ambas circunstancias se han venido produciendo comúnmente, como la forma habitual de hacer arquitectura en el siglo XX. Esta circunstancia es la que está siendo y debe de ser definitivamente superada, gracias a la tarea desarrollada bajo las premisas de esta renovada forma de concebir la arquitectura, que no hace sino recuperar alguna de sus funciones más elementales, procurando que cumpla con el fin para el que se supone que ha sido concebida.
  •  No cabe actitud menos sectaria o achacable a moda, ni tampoco más razonable.
  •  

Con estas premisas, pasamos a analizar las implicaciones de esta arquitectura que proponemos:

"Entenderemos la arquitectura como un sistema de filtrado -en analogía acústica- que, respetando las componentes armónicas de un medio, neutralicen los elementos disonantes hasta que estos vengan a reforzar la situación primaria".

Aplicando esta noción a nuestro proceso de trabajo, deberíamos partir de la base de admitir el conocimiento suficiente del medio y de las condiciones que se pretenden lograr (márgenes de confort), de manera que podamos identificar las "componentes armónicas" y los "elementos disonantes", para adecuar la naturaleza del sistema de filtrado al fin concreto que se persigue.

 

El concepto de arquitectura bioclimática es complejo, y a pesar del hecho de ser una disciplina relativamente reciente en el campo de la arquitectura, su estudio detenido requiere de unos conocimientos que tienen un determinado tiempo de aprendizaje, derivado del gran número de materias que hay que conocer y relacionar para una correcta comprensión del fenómeno. La existencia de bibliografía especializada, así como de programas de simulación por ordenador muestra hasta que punto se trata de una disciplina desarrollada y con posibilidades objetivas de aplicación.

De las investigaciones en marcha y de las observaciones sobre las soluciones que van apareciendo, surgen recomendaciones generales, pero si hay algo claro en el campo de las respuestas medioambientales para la arquitectura, es su especificidad para cada caso, para cada lugar, para cada ambiente.

 

El principio esencial del bioclimatismo es, utilizando las palabras de Jean-Louis lzard, "construir con el clima", siendo este concepto indisoluble de la idea de lugar como circunstancia singular en la que se desarrolla la arquitectura y con la que ésta se relaciona. Las capacidades del medio natural, las condiciones climáticas y  las distintas posibilidades de aprovechamiento de las mismas, marcan soluciones particulares que habrá que estudiar en cada opción concreta.

 

Es por lo anterior por lo que no puede tenderse a la búsqueda de una estandarización de modelos, es decir, es contradictoria y no recomendable la búsqueda de prototipos que fueran aplicables en cualquier localización.

 

En la actualidad se está iniciando en el campo de la arquitectura una etapa de replanteamientos teóricos desde nuevos puntos de vista; de rediseño de elementos con la aceptación de nuevas prioridades medio ambientales; de aparición de nuevos materiales, nuevas soluciones con distintos modos de producción y nuevas solicitaciones sociales.

 

Los edificios bioclimáticos o energéticamente conscientes, no son tanto el resultado de una aplicación de técnicas especiales, como del sostenimiento de una lógica, dirigida hacia la adecuación y utilización positiva de las condiciones medioambientales y materiales, mantenida durante el proceso del proyecto y la obra, sin perder, en absoluto, ninguna del resto de las implicaciones: constructivas, funcionales, estéticas, etc., presentes en la reconocida como buena arquitectura.

 

La ecología arquitectónica, debe extenderse a todo el desarrollo de propuesta y construcción de los edificios: ubicación, forma general, aprovechamiento de características climáticas estacionales, estudio de condiciones derivadas del entorno construido, elección de materiales según las necesidades de adaptación por zonas y orientaciones, diseño de elementos constructivos, costo energético de la fabricación de los materiales y sistemas técnicos y su transporte, etc.

 

El grado de integración de la arquitectura en su medio ambiente y el aprovechamiento de energías naturales con la edificación puede ser muy variado; desde edificios autónomos, con consumo absolutamente  resuelto con energías renovables, aprovechamiento del agua de lluvia, imagen ligada al paisaje, materiales autóctonos, etc, hasta edificios con adecuaciones muy simples en cuanto a forma y elementos constructivos; en todo caso la adopción de medidas de mejora en este campo, hasta las que pudieran parecer mínimas, serán beneficiosas para el usuario y para el entorno.

 

Estos conceptos, aparentemente  sencillos,  han sido sin embargo obviados en gran parte de la producción arquitectónica del último siglo. El desarrollo de las tecnologías constructivas e industriales unido al abaratamiento de los costos de producción gracias a la estandarización, ha llevado a la creencia, aún demasiado poco discutida, de que la arquitectura, especialmente aquella mas vinculada a la especulación comercial, puede ser un hecho aislado de su entorno, que es posible ejecutar una construcción en un  emplazamiento independientemente  de los problemas ambientales, pues éstos son corregibles mediante la utilización de las tecnologías energéticas habituales.

 

Planteamientos de estas características, avalados intelectualmente por una lectura superficial de vanguardias, están afortunadamente cediendo paso a una nueva sensibilidad en la que arquitectura y medio ambiente han de relacionarse de un modo muy estrecho para permitir tanto el aprovechamiento como la protección de las cualidades del lugar sin un descomunal gasto de recursos, y este modo de ver resulta cada vez más incorporado a las producciones, incluso de esas mismas vanguardias, aunque a veces aún no se expresen de manera explícita, en las publicaciones culturales al uso.

 

La arquitectura energéticamente consciente, en contra de algunos prejuicios existentes, no obliga en absoluto a adoptar unas soluciones de diseño predeterminadas, ofreciendo, al contrario, nuevas vías abiertas y sugerentes a la imaginación e investigación formal.

La arquitectura bioclimática no debe entenderse como un fundamentalismo funcionalista, sino como un soporte del diseño que debe adaptarse a las necesidades del individuo, muchas veces marcadas por factores extraños a la racionalidad ambiental. La flexibilidad del proyecto bioclimático reside, precisamente, en enriquecer situaciones no ideales, por muy difíciles que parezcan.

Finalmente, esta aproximación a la arquitectura nos proporciona un mayor conocimiento sobre la forma arquitectónica y mayor capacidad de control de la misma para crear y componer campos ambientales que, además de ser ecológicamente conscientes, introduzcan un nuevo vector estético en la sensibilidad arquitectónica.


 

 

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