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Gestión del Agua

 

La necesidad de impulsar los planteamientos de sustentabilidad ambiental en la gestión del ciclo integral del agua, pasa por el cambio en la visión tradicional donde el agua es un recurso económico y donde los factores medioambientales no tienen cabida.

 

El agua es el fundamento de la vida. Juega un papel fundamental para la satisfacción de las necesidades vitales humanas, la salud, la seguridad en la alimentación, el bienestar y las oportunidades de desarrollo sostenible. El consumo medio de agua por habitante y día aumenta anualmente, siendo toda esta agua potable. Actualmente este consumo está, según cifras del INE por encima de los 170 litros de agua/habitante/día. Esta agua que recibimos limpia acaba constituyendo un residuo y requiere de tratamiento anterior a su vertido a aguas continentales o al mar.

 

Dentro de la gestión del agua se busca prevenir las afecciones ambientales en el medio acuático desde el origen (control de vertidos a colectores y cauces públicos), facilitar medidas ahorradoras, una gestión adecuada del recurso que eviten la degradación en la calidad, un control de la demanda, y fomentar la reutilización, tanto  a nivel público como privado. Asimismo se busca la correcta gestión de los espacios fluviales, fuentes naturales de depuración y base de ecosistemas de gran importancia ambiental, social, económico y recreativo evitando de este modo su degradación. 

 

Reducir el consumo y gestionar correctamente este recurso es una obligación de todos, desde todas las posiciones, tanto a nivel de gobiernos, que deben exigir el desarrollo de planes, estrategias y actuaciones para una gestión sostenible del agua, como por parte de industrias,  empresas y particulares.

 

El agua en el medio natural

 

La Unión Europea a través de la directiva Marco Agua determina la gestión que los estados han de seguir en relación a sus aguas (superficiales, continentales, costeras, subterráneas y de transición).

Sus objetivos son:

  1. Prevenir y reducir su contaminación, es especial aquella debida a vertidos y emisiones de sustancias peligrosas
  2. Fomentar el uso sostenible del recurso
  3. Proteger el medio acuático incluyendo el equilibrio entre captación y renovación de aguas subterráneas
  4. Mejorar la situación de los ecosistemas acuáticos, tanto químico como ecológico
  5. Paliar los efectos de las inundaciones y de sequías.
  6. Preservar zonas protegidas

Los ríos y humedales.

 

Estas zonas son lugares de gran interés hidrológico y merecen ser protegidos y gestionados de un modo correcto. Lamentablemente muchos de nuestros ríos y humedales reciben descargas de aguas residuales provenientes de pueblos, explotaciones agroganadera, alimentarias o industriales cercanas a los mismos. Así mismo los humedales han sido sujetos a rellenos al ser considerados focos de insalubridad.

 

La conservación de estos y sus ecosistemas asociados es de vital importancia para mantener la calidad de las aguas. Los bosques de ribera disminuyen las escorrentías, reducen la erosión, reduciendo la carga orgánica de los ríos, disminuyen el efecto de las inundaciones y favorecen la recarga de acuíferos entre otros.   La degradación de los bosques de ribera va pareja a la degradación de los ríos.

 

Los humedales tienen entre otras muchas funciones las de almacenar los recursos hídricos, reducir el riesgo de erosión y controlar y filtrar los sedimentos al reducir la carga de la corriente constituyendo un freno natural a la contaminación. Así mismo la vegetación que los acompaña favorece la degradación microbiana de contaminantes.

 

Existe la necesidad de reestablecer o al menos mantener estos procesos dinámicos naturales así como sus conexiones.

 

Las aguas residuales urbanas depuradas llevan un elevado contenido de nutrientes responsables de la eutrofización de las aguas superficiales (especialmente nitrógeno y fósforo). Esta eutrofización deteriora la calidad de estas aguas, produciendo problemas medioambientales. Los ecosistemas acuáticos: lagunas, ríos, graveras, cascadas, etc, conllevan procesos de autodepuración naturales. Es posible su réplica y recreación en  espacios controlado y con un funcionamiento más intensivo con el fin de tratar dichas aguas y limitar la carga contaminante de nuestras aguas.

 

El agua en las ciudades

 

La impermeabilización de espacios cada vez más extensos es uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los núcleos urbanos. Esta impermeabilización causa una gran cantidad de aguas de escorrentía pluvial que es a su vez, causa  de la transformación de un agua limpia en un residuo a tratar. Las aguas de lluvia no deben ser evacuadas por las alcantarillas junto con agua sucia proveniente de las viviendas ya que esto colapsa las depuradoras impidiendo su buen funcionamiento. Las técnicas han de basarse en la retención de las aguas pluviales y no en su rápida evacuación. La construcción de cubetas de retención, tanques subterráneos de almacenamiento, cadenas de estanques, o cualquier otro sistema que permita la retención de aguas previa canalización de las mismas son grandes opciones ya que esta agua pueden ser reutilizadas en el riego de jardines, campos de golf, etc.. La utilización de pavimentos porosos es otra buena opción en la búsqueda de soluciones para nuestras ciudades.

 

La arquitectura sostenible diseña para conseguir un uso racional del agua, introduciendo nuevos sistemas e instalaciones dentro de edificios.

 

Por lo tanto, los edificios sustentables incorporan estrategias de proyecto no sólo con vistas al confort y el ahorro de energía, sino también al aprovechamiento y reutilización del agua Existen en el mercado muchas metodologías que pueden acercar al usuario a una eficiencia muy alta  en el uso del agua dentro del hogar.

 

A nivel mundial, la OMS estima que el 40% del agua potable se utiliza para el funcionamiento del sistema sanitario en edificios, lo cual supone un alto desperdicio. Las soluciones introducidas, tales como sistemas de dispositivos manuales o automáticos no han logrado atenuar el crecimiento del consumo que sigue habiendo.

 

Una gestión integral del agua implica un diseño meditado, en el que se contemple la colección del agua de lluvia, su almacenamiento, distribución, el uso racional de este recurso, la depuración en tanques de tratamiento y la reutilización del mismo mezclándolo de nuevo con el agua de lluvia. De esta forma, salvo el agua para beber, la higiene y cocinar, el resto entra en un ciclo de permanente reciclado.

 

Por todo esto se han de elaborar propuestas, proyectos, planes y  políticas específicas encaminadas a realizar una gestión sostenible del agua que mantenga el nivel de calidad y cantidad en los núcleos de población tanto urbanos como rurales promoviendo una nueva cultura del agua basada en una reducción del consumo y en  el correcto manejo de este recurso. Con esto se podría alcanzar un equilibrio entre el aprovechamiento y su gestión.

 

 

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